Dice El Principito que «lo esencial es invisible a lod ojos, porque solo se puede ver con el corazón». Tiene razón El Principito. Siempre la ha tenido y siempre la tendrá.
Así ocurre que cuando destierras –sea por sanación o por desencanto— del corazón a algo (un ideal) o a alguien (una persona importante) que lo venía poblando, ese corazón con el que mirabas solo ve vacío y eso cambia el estar en el mundo.
Si El Principito tiene razón (y siempre la tiene), eso explica los grandes giros ideológicos que dan muchas personas cuando, desencantados de un ideal, miran sin ver, ven el mundo vacío (sin estructura) y acaban en el lado contrario. Se aferran a lo contrario por pura necesidad de coordenadas. El vacío es intolerable.
Si El Principito tiene razón (y siempre la tiene), eso explica esas grandes tragedias románticas que, habiendo desterrado a un amor, apenas contemplan el pasar sin rumbo, ni propósito. Es ceguera por ausencia. La tragedia no es perder al otro; es perder la capacidad de contemplar nada nuevo con sentido. El mundo se vuelve plano, insípido. Ahí reside el verdadero desamparo de los espíritus románticos frente a la racionalidad del iluminismo.
Interesante y certero Saint Exupéry que da poesía a esa forma de saber sintiendo tan necesaria hoy: sentipensar. El corazón, sede del sentir, es también la lente cognitiva para habitar el mundo.
Quizá ese club de corazones solitarios de The Beatles no era sino un club de astigmáticos que no pudieron/supieron/quisieron volver a enfocar bien.
Así ocurre que cuando destierras –sea por sanación o por desencanto— del corazón a algo (un ideal) o a alguien (una persona importante) que lo venía poblando, ese corazón con el que mirabas solo ve vacío y eso cambia el estar en el mundo.
Si El Principito tiene razón (y siempre la tiene), eso explica los grandes giros ideológicos que dan muchas personas cuando, desencantados de un ideal, miran sin ver, ven el mundo vacío (sin estructura) y acaban en el lado contrario. Se aferran a lo contrario por pura necesidad de coordenadas. El vacío es intolerable.
Si El Principito tiene razón (y siempre la tiene), eso explica esas grandes tragedias románticas que, habiendo desterrado a un amor, apenas contemplan el pasar sin rumbo, ni propósito. Es ceguera por ausencia. La tragedia no es perder al otro; es perder la capacidad de contemplar nada nuevo con sentido. El mundo se vuelve plano, insípido. Ahí reside el verdadero desamparo de los espíritus románticos frente a la racionalidad del iluminismo.
Interesante y certero Saint Exupéry que da poesía a esa forma de saber sintiendo tan necesaria hoy: sentipensar. El corazón, sede del sentir, es también la lente cognitiva para habitar el mundo.
Quizá ese club de corazones solitarios de The Beatles no era sino un club de astigmáticos que no pudieron/supieron/quisieron volver a enfocar bien.
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Hoy 22 de julio es la onomástica de las Magdalenas, así que felicidades a todas 😘
Cuenta la tradición bíblica que María había nacido en Magdala, una aldea situada junto al mar de Galilea y que está desde 1948 bajo la ocupación de los sionistas israelíes. Pero, aunque no me faltan ganas ni argumentos, hoy no hablaré de genocidas 😢
Después de María, la madre, es la figura femenina que más veces aparece citada en los textos sagrados y la más importante: «apostola de los apóstoles» como la llamó Tomás de Aquino porque ella fue quien les comunicó lo que ellos tendrían que comunicar al mundo: la resurrección de Cristo. También es uno de los personajes bíblicos que más interés despierta y sobre el que más teorías se han lanzado, la mayoría sobre la naturaleza de su relación con Jesús o sobre su autoría de un evangelio perdido.
No sé si hubo carnalidad entre Jesús y ella, pero las representaciones iconográficas de la Magdalena que conozco (y sobre las que algo he indagado para un estudio 📝 que estoy haciendo y que quizá algún día acabe y publique 💪) apuntan a la sensualidad como uno de sus atributos no declarados. Los dos más conocidos son el tarro de los aromas con los que quería perfumar el cuerpo inerte del crucificado; y el otro, los largos cabellos que, revueltos sobre un lecho, le imprimen ese toque de salvaje tormenta de placer que recogen hoy las representaciones iconográficas menos ortodoxas, y con los que los exégetas aún no se ponen de acuerdo si fue ella la que secó con sus cabellos los pies de Jesús en la unción de Betania (Jn. 12, 3).
Sea como fuere, lo cierto es que en nuestro imaginario, Magdalena es uno de esos nombres que, cuando se pronuncian con los ojos cerrados, nos llenan la boca de sabor y pecado. Es un personaje sobre el que se han escrito ríos de tinta y que ha inspirado a poetas y artistas 🎨 de las más diversas disciplinas.
En todas sus representaciones siempre sale muy bien, y estoy pensando en el cine 📽️, que es la gran máquina de crear sueños e imágenes. Baste recordar que, entre otras, la han encarnado actrices como Carmen Sevilla, Barbara Hershey, Mónica Belluci o Paz Vega.
Incluso en la expresión «llora como una Magdalena», que podría entenderse como triste, hay grandeza y honestidad. La hay porque no es un llanto de tristeza o perdida, sino de amor total y desinteresado: «lacrimas humilitatis» como dice San Anselmo. Es un llanto pleno de humanidad y de rebelde aceptación. La rebeldía siempre es un valor positivo para los románticos, porque la Magdalena nos recuerda que, contra viento y marea, cada uno hace el amor como puede.
Como curiosidad os comparto que María Magdalena es la patrona de Arahal, que es el pueblo sevillano donde nació mi abuelo materno, y el patrón es San Antonio de Padua, que es el santo de mi nombre. Coincidencias de la vida 😏
Así que lo dicho, felicidades a todas las Magdalenas 😘 y, ya de paso, también a todos los que como a mí, nos gusta disfrutar de las magdalenas🧁 porque, mojadas o no en leche🥛, siempre están buenísimas y llenan la vida de placer y sentido 😀
Cuenta la tradición bíblica que María había nacido en Magdala, una aldea situada junto al mar de Galilea y que está desde 1948 bajo la ocupación de los sionistas israelíes. Pero, aunque no me faltan ganas ni argumentos, hoy no hablaré de genocidas 😢
Después de María, la madre, es la figura femenina que más veces aparece citada en los textos sagrados y la más importante: «apostola de los apóstoles» como la llamó Tomás de Aquino porque ella fue quien les comunicó lo que ellos tendrían que comunicar al mundo: la resurrección de Cristo. También es uno de los personajes bíblicos que más interés despierta y sobre el que más teorías se han lanzado, la mayoría sobre la naturaleza de su relación con Jesús o sobre su autoría de un evangelio perdido.
No sé si hubo carnalidad entre Jesús y ella, pero las representaciones iconográficas de la Magdalena que conozco (y sobre las que algo he indagado para un estudio 📝 que estoy haciendo y que quizá algún día acabe y publique 💪) apuntan a la sensualidad como uno de sus atributos no declarados. Los dos más conocidos son el tarro de los aromas con los que quería perfumar el cuerpo inerte del crucificado; y el otro, los largos cabellos que, revueltos sobre un lecho, le imprimen ese toque de salvaje tormenta de placer que recogen hoy las representaciones iconográficas menos ortodoxas, y con los que los exégetas aún no se ponen de acuerdo si fue ella la que secó con sus cabellos los pies de Jesús en la unción de Betania (Jn. 12, 3).
Sea como fuere, lo cierto es que en nuestro imaginario, Magdalena es uno de esos nombres que, cuando se pronuncian con los ojos cerrados, nos llenan la boca de sabor y pecado. Es un personaje sobre el que se han escrito ríos de tinta y que ha inspirado a poetas y artistas 🎨 de las más diversas disciplinas.
En todas sus representaciones siempre sale muy bien, y estoy pensando en el cine 📽️, que es la gran máquina de crear sueños e imágenes. Baste recordar que, entre otras, la han encarnado actrices como Carmen Sevilla, Barbara Hershey, Mónica Belluci o Paz Vega.
Incluso en la expresión «llora como una Magdalena», que podría entenderse como triste, hay grandeza y honestidad. La hay porque no es un llanto de tristeza o perdida, sino de amor total y desinteresado: «lacrimas humilitatis» como dice San Anselmo. Es un llanto pleno de humanidad y de rebelde aceptación. La rebeldía siempre es un valor positivo para los románticos, porque la Magdalena nos recuerda que, contra viento y marea, cada uno hace el amor como puede.
Como curiosidad os comparto que María Magdalena es la patrona de Arahal, que es el pueblo sevillano donde nació mi abuelo materno, y el patrón es San Antonio de Padua, que es el santo de mi nombre. Coincidencias de la vida 😏
Así que lo dicho, felicidades a todas las Magdalenas 😘 y, ya de paso, también a todos los que como a mí, nos gusta disfrutar de las magdalenas🧁 porque, mojadas o no en leche🥛, siempre están buenísimas y llenan la vida de placer y sentido 😀
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Está feo pensarlo y mucho más ponerlo por escrito🤪, pero reconozcámoslo:
Que durante los próximos 4️⃣ años 4️⃣ en 🇪🇦 se pueda callar 🤫 a un argentino 🇦🇷 es un valor añadido que tiene la 🏆 y que hay que apreciar mucho 😂🤣😂🤣
Porque no sería lo mismo si el Mundial se gana en una final con cualquier otro país, la verdad 😂🤣
Que durante los próximos 4️⃣ años 4️⃣ en 🇪🇦 se pueda callar 🤫 a un argentino 🇦🇷 es un valor añadido que tiene la 🏆 y que hay que apreciar mucho 😂🤣😂🤣
Porque no sería lo mismo si el Mundial se gana en una final con cualquier otro país, la verdad 😂🤣
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La docencia es otra de esas profesiones de servicio al prójimo que resulta tan gratificante, como frustrante. Todos conocemos estas sensaciones porque las hemos sentido y las sentimos en muy distintos planos y esferas de nuestra vida.
Me interesa esta relación porque ambos sentimientos convergen en el punto del que nacen y del que, en tanto que sentimientos opuestos, también divergen: la ilusión.
Esta divergencia, sin embargo, no es síncrona, ni mantiene el mismo grado de fuerza. La ilusión no actúa de igual manera sobre ambos sentimientos.
Con la frustración mantiene una relación directamente proporcional, es decir, cuanta más ilusión pones en algo, más frustración te genera. Esta relación, además y por lo general, es una relación causal más reconocible porque es más directa e inmediata.
Por el contrario, la relación de la ilusión con la satisfacción no suele estar sincronizada o, cuando lo está, siempre lo está a más a largo plazo.
Por lo general, en el ámbito docente la frustración suele ser inmediata: pese al muchísimo trabajo e ilusión que supone preparar una clase y una asignatura, los estudiantes «no atienden», «no hacen los deberes», «no leen las lecturas», «no estudian», etc. y esto lo frustra todo.
Muy al contrario, la relación ilusión y gratificación (si se da) no es inmediata. Que la ilusión y la gratificación vayan tan descompasadas es lo que más alimenta la frustración. De hecho, cuando el descompás es de tal magnitud que el vínculo entre ambos se rompe, los desnaturaliza. Esta desnaturalización es lo que termina agotando la vocación del más entusiasta y venciendo el aguante del más entregado.
Sin embargo, lo maravilloso de la gratificación es que ocurre de manera sorpresiva y mucho tiempo después de la ilusión. Porque al contrario de la relación directamente proporcional entre ilusión y frustración, curiosamente, con la gratificación sigue una curva logarítmica: los primeros años de ilusión traen grandes saltos de gratificación, pero con el tiempo se necesitan ilusiones cada vez mayores para lograr mantener el ánimo. Esto explicaría por qué el desgaste acumulado es tan difícil de revertir.
Hoy me ha pasado algo así. Una estudiante me escribió porque se había acordado de mí. Me cuenta que llevaba tiempo pensando que cuando ella tenía 20 años estaba totalmente convencida de que tenía todas las respuestas, pero que entonces apareció un desconocido profesor de provincias que le cambió las preguntas.
Hoy duermo feliz y muy satisfecho 😎
Me interesa esta relación porque ambos sentimientos convergen en el punto del que nacen y del que, en tanto que sentimientos opuestos, también divergen: la ilusión.
Esta divergencia, sin embargo, no es síncrona, ni mantiene el mismo grado de fuerza. La ilusión no actúa de igual manera sobre ambos sentimientos.
Con la frustración mantiene una relación directamente proporcional, es decir, cuanta más ilusión pones en algo, más frustración te genera. Esta relación, además y por lo general, es una relación causal más reconocible porque es más directa e inmediata.
Por el contrario, la relación de la ilusión con la satisfacción no suele estar sincronizada o, cuando lo está, siempre lo está a más a largo plazo.
Por lo general, en el ámbito docente la frustración suele ser inmediata: pese al muchísimo trabajo e ilusión que supone preparar una clase y una asignatura, los estudiantes «no atienden», «no hacen los deberes», «no leen las lecturas», «no estudian», etc. y esto lo frustra todo.
Muy al contrario, la relación ilusión y gratificación (si se da) no es inmediata. Que la ilusión y la gratificación vayan tan descompasadas es lo que más alimenta la frustración. De hecho, cuando el descompás es de tal magnitud que el vínculo entre ambos se rompe, los desnaturaliza. Esta desnaturalización es lo que termina agotando la vocación del más entusiasta y venciendo el aguante del más entregado.
Sin embargo, lo maravilloso de la gratificación es que ocurre de manera sorpresiva y mucho tiempo después de la ilusión. Porque al contrario de la relación directamente proporcional entre ilusión y frustración, curiosamente, con la gratificación sigue una curva logarítmica: los primeros años de ilusión traen grandes saltos de gratificación, pero con el tiempo se necesitan ilusiones cada vez mayores para lograr mantener el ánimo. Esto explicaría por qué el desgaste acumulado es tan difícil de revertir.
Hoy me ha pasado algo así. Una estudiante me escribió porque se había acordado de mí. Me cuenta que llevaba tiempo pensando que cuando ella tenía 20 años estaba totalmente convencida de que tenía todas las respuestas, pero que entonces apareció un desconocido profesor de provincias que le cambió las preguntas.
Hoy duermo feliz y muy satisfecho 😎
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Decidme: ¿Qué clase de racionalidad política decide no dedicar fondos a la prevención de incendios porque... ? Y ya de camino, también quisiera entender qué suerte de empecinamiento ideológico lleva a tantas personas a votar una y otra vez a los anteriores para después lloriquear porque arden sus casas, sus pueblos y sus montes 🤔
La pregunta no es fácil de responder, a pesar de la contundencia de la realidad.
La crisis climática es un hecho incuestionable, que es negado solo por imbéciles y mala gente.
Para combatir esta crisis son necesarios fondos públicos, porque la mayor parte del capital privado tiende a la maximización del beneficio y no a la protección colectiva.
Los fondos públicos se nutren del pago de impuestos que pagamos la ciudadanía y las empresas.
Si como quieren los que niegan toda evidencia que contradiga sus postulados, se reducen los impuestos, pues entonces no habrá fondos públicos suficientes para implantar medidas efectivas que combatan el cambio climático y mantengan los montes limpios.
Así, el verano que viene los afectados de siempre volverán a no hacer ningún análisis crítico de la situación, mantendrán prietas las filas en las urnas, y lloriquearán en radio y televisión porque se les queman sus casas.
La pregunta no es fácil de responder, a pesar de la contundencia de la realidad.
La crisis climática es un hecho incuestionable, que es negado solo por imbéciles y mala gente.
Para combatir esta crisis son necesarios fondos públicos, porque la mayor parte del capital privado tiende a la maximización del beneficio y no a la protección colectiva.
Los fondos públicos se nutren del pago de impuestos que pagamos la ciudadanía y las empresas.
Si como quieren los que niegan toda evidencia que contradiga sus postulados, se reducen los impuestos, pues entonces no habrá fondos públicos suficientes para implantar medidas efectivas que combatan el cambio climático y mantengan los montes limpios.
Así, el verano que viene los afectados de siempre volverán a no hacer ningún análisis crítico de la situación, mantendrán prietas las filas en las urnas, y lloriquearán en radio y televisión porque se les queman sus casas.
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