Hoy 21 de junio es un día muy especial por muchas razones y todas tiene que ver con el ciclo de la vida.
La primera y más conocida, porque hoy es el solsticio de verano y comienza el verano. Aunque no es la estación del año que más me gusta porque realmente «la caló» me aplatana mucho, reconozco que las horas de luz unidas al esplendor de los cuerpos levanta unas pasiones estéticas que, en otras épocas del año, solo se entrevén en la intimidad. Para los amantes de la observación y de los placeres de la vida, el verano es el tiempo perfecto para disfrutar, bajo un cielo despejado, de una buena botella de vino con velas y descubrir con la sonrisa del asombro que las estrellas… «se mueven».
La segunda, poniéndome aficionado, hoy es especial porque el Sol nos ha despertado desde lo más al norte (NE) que lo hará durante el año (azimut ≈41º en Santa Pola), atravesará el meridiano (azimut 180º) y alcanzará su cénit (altitud más elevada) en todas las latitudes (≈75º en Santa Pola), porque solo corta en un ángulo de 90º (exacto) sobre el ecuador, y se pondrá también lo más al norte (WE) que lo hará (azimut ≈300º en Santa Pola) para dar comienzo a la suave merma de las horas de luz solar. Toda una precisión matemática que trasciende cualquier noción de tiempo y asombra al observador atento.
La tercera, poniéndome reflexivo, porque nos recuerda el ciclo eterno del devenir. Todo, hasta el Sol, tiene un máximo que no puede superar; pero también, todo, hasta el Sol, llega a un fondo del que ya solo podrá resurgir invicto (Sol invictus).
